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22 de enero, 2009
Después de que se rompiera un compromiso que tenía para la comida, decidí visitar otro lugar que había llamado mi atención al pasar por avenida Tamaulipas, muy cerca de avenida Michoacán: Thaigarden.
Este restaurante de comida asiática esta muy bien ubicado y cuenta con servicio de valet parking. Lo alberga una vieja casa de dos plantas la cual ha sido remodelada exquisitamente de sencilla elegancia y clara sofisticación. Destacan los alegres arreglos florales que también están a la venta, su pequeña terraza para fumadores con una vista increible de avenida Tamaulipas y un pequeño salón en la planta alta para grupos más grandes.
Hoy el lugar estaba muy tranquilo. Llegué a las 2:45 y fui recibido muy amablemente por dos hostess que me guiaron hasta mi mesa que se encontraba justo en esa terraza para fumadores. Las mesas muy bien presentadas con bonita vajilla y modernos cubiertos. El mesero me atendió de inmediato y para beber ofreció la bebida de la casa que se llama "Hypnotic" y que tiene un sabor muy parecido a la tradicional sangría con un toque de melón que resulta muy refrescante para un día caluroso como hoy y tal vez demasiado dulce como para pedir dos.
Mi intención original era pedir su menú degustación que consiste en tres aperitivos, 4 platillos principales y postre que cuesta $240 pesos por persona. Sin embargo, esto solamente se sirve para dos personas o más. Al percatarme de lo anterior, pedí al mesero que me hiciera recomendaciones y las acepté. De entrada me sirivieron el Golden Bay que son cinco bolsitas hechas con harina de arroz que envuelven cerdo picado y trufas de china acompañadas con adornos con tema floral de zanahoria. Las bolsitas estaban doradas y crujientes y el relleno muy rico. Nada mal para el inicio. De platillo fuerte la sugerencia fue el pollo con castañas Cajún que es básicamene un stir-fry de pollo, nueces de la india, castañas, ceboillín, champiñones, pimiento verde finamente picado, cebolla, zanahoria y el toque mexicano de chile pasilla muy suave y en rodajas. Me pareció muy buena la combinación de texturas y sabores y la cantidad fue suficiente. Para cerrar, el postre recomendado por otro de los meseros fue el Sukuthae que es un rollito de harina de arroz y plátano bañada en crema de coco. Un sabor suave y peculiar muy agradable que para mi sorpresa es servido caliente.
Para mi que no soy un crítico experto, lo más importante es la experiencia completa. El lugar es precioso, el servicio esmerado la comida buena y el precio un poco arriba del promedio, pero aceptable: $384 pesos por una persona incluyendo agua mineral que no apareció en la redacción.
Resumen: Muy recomendable.
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