JN Serradell
Baja California Nº 355 esq. Etla
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Tels: 2614.6224 & 2614.3341
Nuestra Historia
Hace ya alrededor de 20 años que regrese a México, mi amado país, después de que el destino y el amor me llevaron siguiendo a mi esposo, el doctor Husseim Beshir de nacionalidad etíope, en un momento crucial en la vida y política de su país, donde el llamado a regresar a la patria ante sus enormes necesidades tuvo en el una respuesta inmediata. No vaciló ni un instante en acudir a prestar sus servicios como médico, retribuyendo con ello la enorme oportunidad que su país le brindo al otorgarle una beca para estudiar la carrera de médico en nuestro país, a pesar de haber ya formado una familia en México. Sin pensar en los peligros a los que me enfrentaría en un país en guerra llegue a ese gran lugar, con Harrar, con mi pequeña hija Alem de dos años y mi hija mayor Jessica de 6. A pesar de las enormes diferencias, idioma, costumbres y cultura logramos adaptarnos llamar a l país que, mas allá de su pobreza sufría enormes carencias y profundo dolor ante las pérdidas que día a día enlutaban a miles y miles de familias como resultado de la cruenda guerra.
Toda esa adversidad logro en mí un crecimiento en todos los órdenes del desarrollo humano, descubriendo ante mi misma un profundo sentido del deber y de solidaridad que ciertamente poseemos todos los mexicanos. Rápidamente descubrí que era capaz de crear momentos felices a través del juego y del aprendizaje al grupo más vulnerable de todas las sociedades del mundo: la niñez.
Como todos los inicios, esto fue increíblemente difícil. Sin embargo, conté con el apoyo de gente maravillosa, concretamente con el del general cubano Arnaldo Ochoa (q.e.p.d.) quien al mando de un grupo de soldados cubanos lograron construir un galerón con materiales de desecho: laminas alambre y maderas. Una vez terminado me tomo casi un mes aplanar la tierra con un pesado rodillo y con agua, dos veces al día. Pensar en un piso firme de cemento era una gran pretensión. Dos veces al día lo aplanaba hasta que estuvo lo suficientemente compactado y liso. Con puertas viejas logramos adaptar un pizarrón y de aquel montón de chatarra que por tanto tiempo se perdía en la intemperie, surgieron bancas y mesas. Las siguiente fase fue más sencilla: se trataba de hacer cuadernos para los niños. El general Ochoa me había donado una gran cantidad de hojas de papel revolución, lápices y crayolas. Con flores que ponía secar al sol y molía después en un mortero hacia mezclas y pintaba el papel para tener material para empezar el trabajo con los niños.
Al fin, en un glorioso día para mi, abrí las puertas del jardín de niños en Harrar. Poco a poco y con recelo las madres de la zona fueron enviando a sus pequeños hijos a jugar con la "astamari ferench" que en el idioma amárico (idioma original de etiopia) significa "la maestra extranjera"
Después de catorce años de vivir en etiopia nuevamente el destino nos trae a casa. Nos fuimos 4... Y regresamos 6 pues, en Harrar nace Annie y nuestro único hijo Renier.
De regreso a México nos enfrentamos a otra lucha diferente pero lucha en fin: encontrar trabajo y sacar a nuestros hijos adelante. Tres años pasaron hasta que mi esposo logro obtener su permiso para trabajar. Tuvo la oportunidad de colaborar en la embajada de etiopia en México, donde me desempeñaba como secretaria, asistente e intérprete traductora. Combinaba mi trabajo en la embajada con clases de inglés a domicilio y prestando mis servicios como maestra en diferentes escuelas privada. Sin embargo jamás perdí esa visión, mi ferviente deseo de abrir un espacio donde mi labor educativa pudiera continuar de manera formal.
Tristemente desde mi regreso pude observar que el núcleo más importante de nuestra sociedad, la familia, se debilitaba debido a la mala economía del país. Obligaba a las madres de familia a abandonar los hogares en busca de apoyo económico urgente en el hogar, dando como resultado que nuestros niños tengan que crecer solos, vulnerables y expuestos a múltiples peligros.
Con esta imagen en mente fue que un día, sin un capital de respaldo, rente una casa y continúe aquel trabajo que inicie con tanto amor en Etiopía.
Esa casa se transformó y convirtió en lo que hoy nuestra amada escuela, el jardín de niños "Serradell."