Tengo que confesar algo: me fascinan los restaurantes pequeños. ¡Corrección! Los lugares pequeños. Porque llamar únicamente «restaurante» a Flora Lounge sería limitar un espacio que combina lo mejor de cada establecimiento. El rincón cálido de un lounge. La diversión de un bar. La exquisitez de un buen restaurante. Así es Flora. Una mezcla de todo eso. La variedad en su punto.
Para empezar, voy a destacar su ubicación, en pleno centro de la Condesa, en la esquina formada por las avenidas Michoacán y Nuevo León. Cuando pasen por ahí, echen un ojo. El menú de la mañana no será el mismo de la tarde, tampoco la clientela, quizá ni la distribución de las mesas. A lo largo del día, Flora se transforma. Primero desayunos. A partir de las 9am. Huevos al gusto, jugos de frutas frescas y un delicioso café.
A mediodía, irrumpe su ya famosa comida corrida. Con dos y tres "tiempos". Debo reconocer que me sorprendieron. La relación calidad y precio es indiscutible (entre los 55 y 75 pesos). Sopa o crema, ensalada y un segundo plato a escoger entre pechuga de pollo, filete o tortilla española (pregunten por las salsas del día). Por si fuera poco, este menú incluye agua, pan y postre.
Cae la tarde y Flora cambia ropajes. Renace. Y su clientela también. Gente joven, extranjeros, artistas, bohemios. Una "fauna" que llega a Flora para aprovechar sus "2x1" en tragos: tequila, cervezas, cócteles. En la noche, más variedad. Cena a la carta, a cargo del chef Aaron Arthur, con opciones tan diversas como ensaladas, chapatas y pastas. OBLIGATORIO: sus tacos de camarón o de atún ahumado. No se arrepentirán.
¡Esperen! Después de la cena, aún queda más. Música y tragos. De hecho, cuando hace falta, el bar crece y las mesas desaparecen. No es broma. Es lo que tienen estos lugares pequeños. No dejan de sorprender. Como ven, el único peligro de visitar Flora es saber cuándo abandonar Flora. Si buscabas variedad, aquí la encontrarás.
José Pablo Rodz